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La salud de las madres en África subsahariana

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Escrito por | Archivado en Cooperación Internacional, Salud sexual y reproductiva | Fecha de publicación: 23-09-2015

Casilda Velasco Juez y África Caño Aguilar

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La salud de las mujeres africanas sigue constituyendo un gran problema y ha sido objeto de especial atención, durante estas últimas décadas, por las organizaciones sanitarias internacionales sin conseguir el objetivo principal, disminuir las tasas de mortalidad materna y neonatal y mejorar la salud de las madres y sus criaturas.

La salud es un derecho fundamental y, en el caso de las mujeres, debe abordarse conociendo los problemas específicos que las afectan y que precisan de una atención particular. Sin embargo, el derecho a la salud no existe para muchas mujeres en África Subsahariana. La gran desigualdad existente en estas regiones entre los sexos aumenta su exposición a ciertos riesgos y la vulnerabilidad frente a ellos, restringiendo su acceso a la asistencia sanitaria, a la educación y al empleo y limitándoles la capacidad de proteger su propia salud.

Durante los años reproductivos (entre los 15 y 49 años), la salud de las mujeres es trascendental no solo para ellas mismas, también tendrá repercusiones en la salud y el desarrollo de las familias y de las siguientes generaciones. Durante este periodo, muchos de los problemas de salud exclusivos de las niñas y las mujeres tendrán un gran impacto sobre su salud y supervivencia.

En África subsahariana se producen la mitad de todas las muertes maternas que ocurren en el mundo –289.000 mujeres murieron en 2013– por causas relacionadas con el embarazo, el parto y el periodo de postparto. Sin embargo, las estrategias necesarias para disminuir esta mortalidad materna son de reconocida eficacia y, además, no requieren muchos recursos:

  1. Consulta prenatal (CPN). Todas las mujeres deberían acudir, al menos, a cuatro CPN a lo largo del embarazo, realizadas por personal sanitario cualificado (matrona), que le proporciones una atención de calidad, identifique posibles riesgos y pueda derivar a la gestante hacia servicios sanitarios con personal y medios más especializados si fuera preciso. En 1990, el porcentaje de mujeres gestantes de África subsahariana que recibieron cuatro CPN o más fue del 48%; en 2013 solo había aumentado al 50%.
  2.  Atención al parto por personal sanitario cualificado (enfermera, matrona o médico). Esta medida ha demostrado ser una condición básica para disminuir la mortalidad materna. Solo el 52% en 2013 recibieron este tipo de asistencia en África subsahariana.
  3. Atención en el postparto. Los cuidados en este período son los más olvidados, a pesar de que en él se produce el 60% de la mortalidad materna. Las mujeres que no dan a luz con personal cualificado tienen pocos o ningún tipo de cuidado post parto. Pero dar a luz con personal cualificado o en un centro sanitario no garantiza los cuidados en este periodo.

La elevada mortalidad materna existente aún en África subsahariana –510 madres mueren hoy día por cada cien mil nacidos vivos, aún cuando varios países subsaharianos la han reducido a la mitad desde 1990– es consecuencia directa de la carencia de accesibilidad a estas tres intervenciones (CPN, asistencia al parto por personal cualificado y cuidados postparto). Según un estudio de la conocida revista médica The Lancet, las mujeres de esta región tienen casi 100 veces más posibilidades de morir por complicaciones derivadas del embarazo y el parto que aquellas que viven en un país rico.

La elevada mortalidad materna existente aún en África subsahariana es consecuencia directa de la carencia de accesibilidad a tres intervenciones: consulta prenatal, asistencia al parto por personal cualificado y cuidados postparto

Además de las mujeres que mueren, no podemos olvidarnos de todas aquellas que quedan con secuelas graves tras el parto, lo que condicionará su estado de salud de por vida y por tanto el de sus familias. Una de las lesiones más graves que pueden derivar de la deficiente asistencia al parto es la fístula obstétrica, que se produce cuando el parto se prolonga durante varios días (parto obstruido). Las mujeres con esta lesión y sus bebes sufren múltiples secuelas como son una lamentable incontinencia de heces y/o de orina, que puede dar lugar al rechazo de sus comunidades y familias, o el incremento de mortalidad infantil neonatal. En la actualidad, esta lesión ocurre principalmente entre mujeres adolescentes y niñas en situación de pobreza extrema, que dan a luz sin opción a una asistencia obstétrica cualificada. Además, las mujeres sometidas a mutilación genital femenina (MFG) –en África subsahariana esta práctica está muy extendida– tienen mayores probabilidades de sufrir esta cruel complicación por la alteración anatómica de sus genitales.

La fístula obstétrica es una de las lesiones más graves que pueden derivar de la deficiente asistencia al parto. Esta lesión se produce principalmente en mujeres y niñas en situación de pobreza extrema y puede ocasionar el rechazo de sus comunidades y familias

La fístula se puede prevenir casi por completo con la asistencia cualificada en el parto, por lo que su persistencia es un indicio de que los sistemas de salud en África no cubren las necesidades esenciales de la mujer.

Debemos tener también presente la contribución destructiva que tiene la práctica de la mutilación genital femenina en la salud de las madres africanas: las mujeres mutiladas tienen una probabilidad más elevada de complicaciones en el parto que las que no han sufrido esta práctica, siendo más alto el riesgo cuanto más grave y mayor sea la mutilación. Estimaciones de la OMS indican que la mutilación genital aumenta el riesgo de tener una muerte fetal o neonatal precoz. Podemos por tanto sumar los resultados obstétricos y perinatales adversos a la lista de efectos perjudiciales inmediatos y a largo plazo de las mutilaciones genitales

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Tras analizar las principales situaciones que afectan la salud de las madres en África, es fundamental reflexionar sobre el hecho de que, como ya dijimos antes, la mayoría de estas muertes maternas en África podrían prevenirse. Y, sobre todo, sobre el hecho de que las medidas a tomar para evitarlas –incluidas las estrategias e intervenciones exclusivamente sanitarias ya indicadas— algunas de las cuales enumeramos a continuación, son todas ellas de bajo coste:

  • Mejorar el acceso a los servicios de salud de calidad durante el embarazo, el parto y el post-parto
  • Establecer estrategias educativas, formativas y de sensibilización para evitar la MGF, los embarazos a edades tempranas y todas aquellas situaciones evitables que afecten de forma adversa a la salud de las madres.
  • Promover los derechos de las mujeres y la igualdad de género tanto en medio rural como urbano, haciendo partícipes en este objetivo a los niños y hombres de las comunidades.
  • Promover la formación del personal sanitario adecuándolo a los problemas de salud, incorporando la formación en género, en derechos, comunicación y la puesta en marcha de buenas prácticas.
  • Incentivar el compromiso y las iniciativas de los gobiernos africanos para promover la salud de las mujeres.
Casilda Velasco Juez es matrona y colaboradora habitual de medicusmundi
 África Caño Aguilar es ginecóloga y, actualmente, presidenta de medicusmundi Andalucía

Este artículo forma parte del Boletín extraordinario 40 aniversario

40 aniversario MMA-03

Atención visual en Marruecos

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Escrito por | Archivado en Cooperación Internacional, Salud visual | Fecha de publicación: 23-09-2015

Margarita Soler

 Se estima que los errores refractivos (miopía, hipermetropía y astigmatismo) no compensados son la primera causa de deficiencia visual, siendo responsables de la discapacidad visual de 123 millones de personas y de 1,5 millones de ciegos

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial el número de personas con discapacidad visual se estima en 285 millones, de los cuales 39 millones son ciegos —una condición evitable en  el 80% de los casos— y 246 millones tienen una discapacidad visual severa o moderada.

Atendiendo a la Clasificación Internacional de Enfermedades, la OMS considera ciega a aquella persona que ve menos de 3/60 con su mejor ojo (no ve a 3 metros lo que una persona con visión normal vería a 60) y con discapacidad visual a aquella que ve menos de 6/18 (no ve a 6 metros lo que una persona con visión normal ve a 18) pero más de 3/60 con su mejor ojo. Se estima que los errores refractivos (miopía, hipermetropía y astigmatismo) no compensados son los responsables de la discapacidad visual de 123 millones de personas y de la ceguera de 1,5 millones, por lo que son la primera causa de deficiencia visual (43%), seguidos de la catarata (33%), y son, también, la quinta causa de la ceguera evitable en el mundo.

Aunque son las personas mayores de 50 años las más afectadas,  ya que representan el 65% y el 82% de las personas con discapacidad visual y ceguera, respectivamente, la deficiencia visual por errores de refracción es uno de los problemas más comunes entre los niños en edad escolar (35%) y supone la segunda causa de ceguera tratable (12%). Para la OMS,  la deficiencia visual es un problema importante de salud que se distribuye de forma desigual entre regiones —el 90% de esas discapacidades visuales se encuentran en países en desarrollo— y entre sexos —las mujeres tienen un riesgo significativamente mayor de pérdida de la visión que los hombres: dos tercios de las personas ciegas son mujeres o niñas.

La deficiencia visual por errores de refracción es uno de los problemas más comunes entre los niños en edad escolar (35%) y supone la segunda causa de ceguera tratable

La deficiencia visual es una discapacidad que, en determinadas regiones, limita de manera importante la formación y la actividad de la persona que la padece, le crea dependencia y la pone en riesgo de exclusión social. Además, como ya sabemos, para un gran número de estas personas es evitable con una adecuada refracción y compensación (utilización de gafas), pero, para ello, es necesario disponer de cierta infraestructura y de agentes con formación adecuada para valorar la refracción visual. 

La deficiencia visual es una discapacidad que, en determinadas regiones, limita de manera importante la formación y la actividad de la persona que la padece, le crea dependencia y la pone en riesgo de exclusión social

Sin títulomedicusmundi Andalucía trabaja en Salud Visual desde el año 1997, cuando comenzamos en San Francisco de Orellana (Ecuador), creando la infraestructura necesaria —gabinete optométrico y taller de montaje de gafas— e impartiendo la formación del personal local responsable del funcionamiento de la Unidad de Óptica y Optometría creada. Desde ese año hemos trabajado en diferentes países, en zonas donde no era posible la asistencia optométrica y no cabía la posibilidad de poder ver con unas simples gafas. Nuestros proyectos se han realizado en Burkina Faso, Marruecos y Guinea Ecuatorial y, siempre que ha sido posible, reforzando los sistemas sanitarios de los países donde trabajamos.  

Durante el mes de septiembre de 2014, Rosario González Anera y Margarita Soler Fernández, voluntarias de medicusmundi Andalucía y de la ONG Mira por Sus Ojos, y profesoras del Grado en Óptica y Optometría de la Universidad de Granada, impartieron en Tánger un curso de formación a 6 enfermeros adscritos a las unidades de Optometría de Salé, Fez, Tánger y Tetuán, unidades creadas en el marco del proyecto “Mejora de la Salud Visual de los escolares del Norte de Marruecos”, ejecutado entre los años 2006 y 2008, y en el que se crearon diez Unidades de Optometría y talleres de montaje de gafas. El objetivo de esta formación era actualizar y ampliar los conocimientos de los profesionales (en principio las unidades se crearon para atender a la población escolar) ya que con el tiempo y su buen hacer, las unidades atienden a un tipo de población diversa y con sus propias particularidades (algunas se han convertido en unidades de referencia a nivel provincial) lo que implica unas necesidades de mayor conocimiento con el fin de reforzar las competencias para el desarrollo de la actividad de la Unidad de Optometría.  

Margarita Soler es profesora del Grado en Óptica y Optometría de la Universidad de Granada y voluntaria de medicusmundi

Este artículo forma parte del Boletín extraordinario 40 aniversario

40 aniversario MMA-03

DESNUTRICIÓN INFANTIL EN BURKINA FASO

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Escrito por | Archivado en Ayuda humanitaria, Cooperación Internacional | Fecha de publicación: 22-08-2015

Por Alba Olivares Heredia

Un total de 851 niños burkineses menores de 5 años han sido salvados de la desnutrición aguda severa gracias a las tres campañas de detección de la desnutrición organizadas por la ONG Medicus Mundi Andalucía en Burkina Faso.

Agente de salud comunitario midiendo el perímetro braquial de un niño en una comunidad del distrito sanitario de Zorgho, situado en el centro de Burkina Faso.

Agente de salud comunitario midiendo el perímetro braquial de un niño en una comunidad del distrito sanitario de Zorgho, situado en el centro de Burkina Faso.

En febrero de 2015, dio arranque el proyecto de ayuda humanitaria de Medicus Mundi Andalucía de “Apoyo a la integración del tratamiento de la desnutrición aguda severa infantil” en los distritos sanitarios de Ouargaye, Pouytenga y Zorgho de Burkina Faso, financiado por la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (ECHO).

Según los datos estadísticos del Plan de Repuesta Estratégica para 2014-2016 de Burkina Faso, más de medio millón de niños sufren desnutrición aguda global en el país, siendo la cifra de niños que padecen desnutrición aguda severa de 144.000.

Como parte del trabajo de Medicus Mundi Andalucía en este país de África occidental, durante los meses de mayo y junio de este año, la ONG ha coordinado tres campañas de lucha contra la desnutrición aguda severa infantil, cuyo gran éxito se ha traducido en un total de 851 nuevos niños desnutridos detectados y tratados. En cada campaña, los equipos del proyecto apoyan la formación y acompañamiento de los agentes de salud comunitarios, elegidos por la población local, para visitar, casa por casa, a todas las familias de los pueblos burkineses de las tres zonas de intervención.

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Niña malnutrida que recibirá tratamiento gratuito en el distrito sanitario de Zorgho, zona de intervención del proyecto.

El objetivo es diagnosticar a los niños que se encuentran gravemente desnutridos para que puedan ser atendidos en los centros de salud y recibir, de forma inmediata y gratuita, el tratamiento contra la desnutrición, consistente en comida terapéutica para brindar al niño energía y nutrientes, antibióticos y medicamentos antiparasitarios. La detección se realiza a través de los brazaletes MUAC, que permiten medir el perímetro braquial del niño y conocer al instante si el niño está desnutrido así como el nivel de gravedad de la enfermedad.

En caso de que el niño o niña deba ser ingresado en uno de los Centros de Rehabilitación y Educación Nutricional (CREN) del proyecto, éste cubre todos los gastos originados durante la estancia del menor con desnutrición aguda severa y de su madre, eliminando así las barreras económicas que impiden el acceso de las familias sin recursos al tratamiento.

Las visitas de los agentes de salud comunitarios a las familias son asimismo un momento clave para sensibilizar a través de imágenes a toda la comunidad sobre las prácticas correctas de higiene, de preparación de alimentos y de prevención de la transmisión de enfermedades infecciosas.

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Agente de salud comunitario explicando a las mujeres de la comunidad las buenas prácticas de higiene.

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Agente de salud comunitario sensibilizando a la comunidad sobre buenas prácticas de preparación de los alimentos.

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Agente de salud comunitario explicando a la comunidad cómo detectar y prevenir la enfermedad del Gusano de Guinea.

 

La ayuda sí llega a los beneficiarios y las mejoras son muchas y visibles. Según la encuesta SMART, elaborada por el Gobierno de Burkina Faso con el apoyo de UNICEF, desde 2009 se está consiguiendo reducir el número de personas desnutridas: la prevalencia de la desnutrición aguda a nivel nacional ha pasado de un 11,3% en 2009 a un 8,2% en 2013.

Alba Olivares Heredia  es la coordinadora del proyecto ECHO contra la malnutrición en Burkina Faso

40 aniversario MMA-03

Mi experiencia en medicusmundi: el “Proyecto Pama” en Burkina Faso.

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Cooperación Internacional | Fecha de publicación: 22-07-2015

Primer gran proyecto de medicusmundi Andalucía.

Por Enrique Revilla

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Mi primera intervención como voluntario de medicusmundi, en 1984, fue pasar una consulta de medicina general en Almanjayar (Granada), a una población sin derecho a asistencia sanitaria. En dos años se logró que toda la población dispusiera de cartilla sanitaria, pasando a depender de la sanidad pública y cerrando el consultorio

Mi estancia de 4 años en Granada con ocasión de realizar mi formación MIR (Médico Interino Residente) en la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital San Cecilio de Granada, me permitió participar de voluntario en la organización medicusmundi en el periodo 1983-1986.

Fue en una reunión que la asociación medicusmundi  organizaba los jueves en la sede, en la que se explicaba qué es medicusmundi , qué actividades se desarrollaban, de qué forma se podía colaborar, qué proyectos se habían realizado en los países pobres (envío de una ambulancia al Zaire, equipo médico quirúrgico a la India…). Es allí donde me ofrecen participar como voluntario.

Compatibilizando mi formación MIR, mi primera intervención como voluntario de medicusmundi, en 1984, fue pasar una consulta de medicina general en un piso-dispensario situado en el barrio de Almanjayar de Granada, barrio habitado por una mayoría de etnia gitana, que en aquellos momentos no tenía derecho a asistencia sanitaria en la Seguridad Social. Allí pasábamos consulta un día a la semana. Teníamos un acuerdo con el Hospital para poder derivar a pacientes con patología importante. En dos años se adjudicaron cartillas de beneficencia a toda esta población y ya pudieron acudir a la sanidad pública. Cerrando el dispensario. Fue una experiencia muy interesante, el poder convivir a través de las consultas médicas con población muy marginal y vulnerable en aquella época.

En esta misma época se estaba formulando en medicusmundi  un proyecto, el “Proyecto Pama”, muy ambicioso, en una zona rural de Burkina Faso (“Alto Volta” hasta agosto de 1984), país de África Occidental de los más pobres del mundo. Formulación liderada por el Dr. José Andrés Salazar, que, posteriormente, sería el responsable de su puesta en marcha. Proyecto con un presupuesto de 66 millones de pesetas (397.000 Euros). Fue un proyecto de los que consideramos integral. Se contó tanto con las autoridades locales, regionales y nacionales (se firmó un convenio de colaboración entre el Gobierno de Burkina Faso y medicusmundi , se colaboró con la población y sus líderes tradicionales, siendo con estos últimos con quien se decide el terreno para ubicar el Complejo Sanitario. Se realizó un diagnóstico de salud de la zona, con una muestra de población local de 1200 personas con encuestas de salud, exploraciones físicas y muestras de sangre, 834 de ellas depositadas en una papel especial para el transporte y su análisis en Barcelona y Granada.

1984_BF recortadaEl Proyecto estaba basado en la filosofía de de Alma Ata y la Atención Primaria de Salud, con una clara visión de entrega paulatina de responsabilidad, “burkinización del proyecto”, a las autoridades locales para su integración en la estructura sanitaria del país burkinés. Enfoque muy moderno en relación  a la política de cooperación paternalista que hacíamos hasta entonces.

En cuanto a la financiación fue el primer proyecto financiado en parte por la Unión Europea, en Ecus, a una organización española para cooperación. Se efectuó una búsqueda importante de financiación, pues era mucho dinero. Destacar la labor de Javier Landa, responsable de la oficina en Granada para conseguir todos los fondos y poder desarrollar el proyecto. Empresas y organizaciones granadinas, particulares, socios, simpatizantes todos colaboraron en el proyecto.

También se contó con el apoyo técnico de la Facultad de Medicina, Cátedra de Medicina Preventiva y de Microbiología de la Universidad de Granada. El Dr. Corachán, del Hospital Clínico de Barcelona, asesoró y efectuó una primera evaluación del proyecto una vez puesto en marcha.

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El recuerdo más gratificante de mi experiencia como voluntario de la organización medicusmundi fue el viaje a Burkina Faso para la inauguración del Complejo Sanitario de Pama. Fue entonces cuando decidí continuar ligado a la Cooperación

Fue el 14 de junio de 1984 cuando tuve la suerte y oportunidad de viajar a Burkina Faso y poder presenciar la Inauguración del Complejo Sanitario de Pama como representante de medicusmundi . Es el recuerdo más gratificante de mi experiencia como voluntario de la organización medicusmundi . Es el momento en el que se ve de una manera clara que la Cooperación Internacional, bien administrada y ejecutada, puede mejorar las condiciones de personas que han tenido la mala suerte de nacer y vivir en países pobres. Es el momento en el que decido continuar ligado a la Cooperación con  medicusmundi  hasta el día de hoy, compatibilizándolo con mi trabajo de médico en un Centro de Salud.

Después de pasar por medicusmundi  en Granada he continuado de voluntario en Madrid y mi última etapa ha sido presidir la Federación de medicusmundi  de España durante seis años.

La cooperación me ha dado muchas experiencias en los diferentes países que he conocido y me ha permitido aprender lo que sí hay que hacer y no hacer para mejorar las condiciones de los más pobres.

Enrique Revilla  es voluntario de medicusmundi. Ha sido presidente de la organización y trabaja como médico de familia.

Este artículo forma parte del Boletín extraordinario 40 aniversario

40 aniversario MMA-03

 

Entornos saludables y atención primaria en salud. Frontera norte de Ecuador (Borbón)

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Cooperación Internacional, Enfermedades infecciosas, Género, Objetivos del Milenio relacionados con la salud, Salud sexual y reproductiva | Fecha de publicación: 30-03-2015

 

01 ecuador agua recortada

Apenas hay carreteras. El transporte se hace por el río, lleva mucho tiempo —entre dos horas y dos días desde la cabecera parroquial en invierno, cuando hay agua suficiente— y es caro. El Área de Salud Borbón tiene cerca de 27.000 habitantes, muy dispersos, la mayor parte negros descendientes de ex esclavos o trabajadores de las plantaciones cafetaleras y las minas de oro del sur de Colombia; indios chachis, que habitan en las zonas de más difícil acceso del río Cayapas, y población inmigrante.

Estas comunidades han permanecido largo tiempo al margen del sistema nacional de salud público. Sus problemas de salud son, en su mayoría, evitables y muchos de ellos relacionados con el agua.

Estas comunidades, por su aislamiento geográfico o por recortes presupuestarios, han permanecido al margen de las actuaciones del Ministerio de Salud Público (MSP). Carecen de servicios de agua y de saneamiento básico ―los desechos sólidos son depositados directamente en las márgenes de los ríos, cuya contaminación se ha incrementado con la actividad minera ilegal a gran escala―  y las unidades de salud del MSP no disponen de personal capacitado ni espacios para atender a la población, estando también faltos de equipos, insumos y medicamentos.

Los problemas de salud de la zona, son, en su mayoría, evitables. En muchos casos están relacionados con la contaminación del agua ―que se acarrea del rio para los usos domésticos, incluido beber y cocinar― y/o se asocian a necesidades básicas insatisfechas: paludismo, enfermedades diarreicas, parasitosis, malnutrición, elevada mortalidad materna e infantil. Los esfuerzos realizados en los últimos años han disminuido la incidencia de estas patologías, sin haber mejorado el aspecto socio-económico de estas comunidades, por lo cual, el mínimo descuido por el Sistema de Salud hace que éstas emerjan y reemerjan con igual o mayor intensidad que antes.

La propuesta se basa en una visión integral de la salud donde se prioriza la participación comunitaria, el diálogo permanente y el seguimiento de los problemas de salud de las comunidades, respetando la cultura de los distintos grupos étnicos.

Para ello, nuestra contraparte, el CECOMET, con amplia experiencia en la zona, desarrollará una serie de actividades para fomentar  la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y el fortalecimiento de la equidad de género, mediante acciones que permitan a la mujer tener una participación más equitativa y que contribuya a un mejor acceso a la salud propia y de su familia, así como a una vida con menos violencia.

Puedes ver aquí el boletín completo en PDF: Boletin marzo 2015

Salud infantil y de mujeres embarazadas en Kayes, Malí.

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Escrito por | Archivado en Cooperación Internacional, Género, Objetivos del Milenio relacionados con la salud, Recursos humanos en salud, Salud sexual y reproductiva | Fecha de publicación: 30-03-2015

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Con este proyecto se mejorará el acceso de las mujeres a la atención sanitaria durante el embarazo y el parto así como la prevención, detección y tratamiento de enfermedades de la infancia en la región de Kayes, una zona rural de Malí con elevadísima mortalidad materna e infantil.

 

Malí es uno de los países con el IDH[1] más bajo del mundo. Persisten una mortalidad y morbilidad elevadas, sobre todo maternal e infantil, a lo que se añade la existencia de graves desigualdades internas en el acceso a cuidados de salud que, además, se están acentuando: en Bamako, capital del país, hay una matrona por cada 5.600 habitantes y un enfermero por cada 4.751; esta proporción es de 1/96.882 y 1/12.767, respectivamente, en la región de Kayes. Como consecuencia, la mortalidad materno-infantil varía enormemente entre esta región, básicamente rural, y la capital.

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En la región de Kayes hay 47.000 mujeres y solo una matrona

 

Son frecuentes las sequías periódicas que comprometen la seguridad alimentaria de gran parte de la población, sobre todo de la rural, más afectada por la pobreza. Estas crisis agravan la situación de malnutrición, sobre todo infantil y de mujeres embarazadas. Este problema, endémico en la zona, empeora en circunstancias extremas, sin que el sistema sanitario nacional se encuentre preparado para afrontarlas.

Las enfermedades infecciosas y parasitarias, las carencias nutricionales en la infancia y en las mujeres embarazadas, la falta de higiene y de educación sanitaria constituyen los determinantes del bajo nivel de salud de la población. Sobre esta situación inciden además los relacionados con la pobreza, falta de ingresos, de educación, etc., sobre los que a menudo sobrevienen crisis de tipo natural o humano.

Graves carencias nutricionales, pobreza, falta de acceso a educación y a servicios sanitarios, entre otras, causan esta elevada mortalidad 

Con este proyecto se reforzarán los servicios públicos de salud del Distrito Sanitario de Keniebá (región de Kayes, Malí) en su nivel primario, mejorando el acceso de las mujeres a la atención sanitaria durante el embarazo y el parto y la prevención, detección y tratamiento de enfermedades de la infancia, incluida la malnutrición infantil.

[1] IDH: Índice de desarrollo humano. Según el informe de 2014, Malí se encuentra en el puesto 176 de 187 países

Puedes ver aquí el boletín completo en PDF: Boletin marzo 2015

Lucha contra la malnutrición en Burkina Faso y Mauritania.

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Escrito por | Archivado en Ayuda humanitaria, Cooperación Internacional, Medicus Mundi FAMME, Recursos humanos en salud | Fecha de publicación: 23-03-2015

 Los nuevos proyectos de Acción Humanitaria contra la malnutrición infantil, en Burkina Faso y Mauritania, atenderán a cerca de 6.000 niños y niñas con malnutrición aguda grave.

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Este año hemos iniciado tres nuevos proyectos de Acción Humanitaria contra la malnutrición infantil. Dos en Mauritania, uno de ellos en colaboración con UNICEF, y un tercero en Burkina Faso. Con estos proyectos se prevé atender a 6.000 niños y niñas con malnutrición aguda grave (MAS), mejorar la formación del personal que los detecta y atiende y, en Mauritania, reforzar los centros sanitarios, con financiación de la Comunidad Europea (ECHO) y de UNICEF.

En estos países, los pacientes deben hacerse cargo de todos los gastos necesarios para su tratamiento. Además, la estancia de un miembro de la familia en un centro sanitario precisa de un acompañante que se ocupe de asistirle en sus necesidades básicas (alimento, vestido, limpieza…), aún más cuando se trata de un niño pequeño. El desembolso económico que implica desplazar a un niño o niña con malnutrición aguda grave complicada, más un acompañante, habitualmente la madre, al centro sanitario, así como hacerse cargo del gasto que supone la estancia de ambos y el tratamiento del menor, es un obstáculo importante para las familias que carecen de medios económicos, en ocasiones, incluso para su propio mantenimiento básico. Para sortear este escollo, el proyecto se hace cargo de todos los gastos, tanto del desplazamiento y tratamiento del niño como del desplazamiento y mantenimiento de la madre durante su estancia en el centro.

Los gastos originados por la estancia de un niño o niña con malnutrición aguda severa, junto con su madre, en un centro sanitario para su tratamiento, son cubiertos por el proyecto, eliminando así el grave obstáculo que esto supone para el tratamiento del menor.

Otro de los apartados importantes de estos proyectos es el refuerzo de los sistemas sanitarios locales, mediante la formación del personal sanitario, en la detección precoz, tratamiento y seguimiento de la malnutrición infantil, En Mauritania, la lejanía de los CREN (Centro de Recuperación y Educación Nutricional) existentes y la escasez de recursos humanos capacitados, hace que la detección y tratamiento de niños malnutridos se haga de forma irregular. Por ello, desde medicusmundi, el refuerzo del sistema de salud local se complementa, por un lado, con las actividades del proyecto de salud materno– infantil, financiado por la AECID, y por otro, con un proyecto financiado por UNICEF, que permitirá la construcción de dos nuevos CRENs próximos a la población diana, realizándose la formación de su personal y la coordinación con el resto de actores sanitarios que trabajan en este tema.

La formación del personal sanitario en la detección rutinaria de la malnutrición infantil es clave para su tratamiento precoz

Un tercer apartado se ocupa de mejorar la limpieza e higiene así como la eliminación de desechos, tanto en los centros sanitarios como en los hogares de las familias, aspecto especialmente preocupante en Mauritania donde muchos hogares, e incluso estructuras sanitarias, carecen de acceso próximo a fuentes de agua limpia y de letrinas, por lo que en este país se incluirá la instalación de dispositivos para el lavado de manos así como la rehabilitación/construcción de letrinas en los centros sanitarios. La sensibilización y formación de la población local y de los agentes de salud en cuestiones de limpieza e higiene es un aspecto clave, además, en la prevención de la transmisión del Ébola y otras enfermedades infecciosas.

Puedes ver aquí el boletín completo en PDF: Boletin marzo 2015

Salud materna e infantil en Brakna (Mauritania)

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Escrito por | Archivado en Cooperación Internacional, Salud sexual y reproductiva | Fecha de publicación: 15-12-2014

La región de Brakna, al sur del país, es una de las más pobladas de Mauritania. Como ya dijimos en otra ocasión, la mortalidad materna en Mauritania es una de las más altas de África del oeste, encontrándose entre los 20 países con mayor mortalidad materna del mundo. El papel de los agentes de salud – personas respetadas y con influencia en la comunidad – en la disminución de esta mortalidad es fundamental, por lo que su formación es parte esencial del proyecto.

Entre las causas de esta elevada mortalidad, y de otros múltiples problemas menos visibles como lesiones e infecciones, causa de discapacidad, dolor crónico e, incluso, de exclusión económica y/o social (Unicef),  se encuentran una elevada fecundidad adolescente; embarazos muy seguidos con apenas espacio entre sucesivos nacimientos; poco conocimiento y uso de métodos anticonceptivos; existencia de obstáculos para acceder a una atención sanitaria de calidad donde puedan realizar control del embarazo, parto y cuidados del recién nacido…

Las dificultades de las mujeres embarazadas en Mauritania se deben también a otros múltiples factores, muchos de ellos relacionados con la existencia de una importante desigualdad de género: subordinación a los varones que son quienes toman las decisiones en todos los aspectos de la vida, incluido el número de hijos o quien proporciona la atención sanitaria a la mujer preñada; culturales: tradiciones nocivas como los matrimonios forzados y precoces, embarazos de riesgo y no deseados y otras o la atención al parto por practicantes tradicionales sin formación, etc., a lo que se añade que la población es fundamentalmente rural, con escasos medios y formación y con un muy pobre acceso a una atención sanitaria de calidad, tanto por falta de medios económicos como por escasez de centros y de personal sanitario cualificado en las áreas rurales, ya que el personal sanitario tiende a instalarse en las zonas urbanas.

Los y las agentes de salud se ocupan de sensibilizar a la comunidad  y transmitirle los riesgos de los embarazos en edades muy tempranas, tardías o muy continuos. También la informan de las ventajas de que los embarazos y partos sean controlados y atendidos adecuadamente y por profesionales sanitarios, en lugar de por personal local no cualificado, así como de la importancia de acudir cuanto antes a un centro sanitario si se detecta cualquier problema en un embarazo o parto. Además, informan dónde pueden encontrar al profesional sanitario más próximo así como de la existencia del forfait obstétrico que cubre la atención sanitaria durante el embarazo y el parto, proporciona  los medicamentos precisos durante el mismo e incluye el tratamiento de posibles complicaciones, como una cesárea.

Saber más de este proyecto:  http://www.derechosaludreproductiva.org/

El problema no es solo el Ébola

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Cooperación Internacional, Derechos humanos, Enfermedades infecciosas, Recursos humanos en salud | Fecha de publicación: 09-10-2014

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Desde octubre -momento de redacción de este artículo- hasta el momento actual, cuatro personas han sido diagnosticadas de Ébola, y fallecido por su causa, en Malí. Esto ha hecho que, por fin, tanto el gobierno maliense como las instituciones internacionales hagan algo más que tomar conciencia del elevado riesgo de difusión del virus en este país, y se hayan decidido a financiar acciones encaminadas prevenirla.

Según un informe publicado en el New England Journal of Medicine, el paciente cero del brote de Ébola que afecta a África Occidental pudo ser un niño de Guinea Conakry que murió el 13 diciembre de 2013. Desde febrero a agosto 2014 se confirman multitud de casos en Liberia, Sierra Leona y Nigeria. En agosto la OMS decreta que estamos ante una “emergencia pública sanitaria internacional” y recomienda medidas para detener su transmisión en medio de la expectante preocupación mundial ante el riesgo de pandemia global. Según su directora general, Margaret Chan, “Los países afectados hasta la fecha simplemente no tienen la capacidad para manejar un brote de este tamaño y complejidad por su cuenta”. Esta frase pone de relieve el hecho de que el brote más grande de la historia de esta enfermedad se está dando en países sin los recursos suficientes para manejar su propagación y con sistemas de salud públicos con fuertes carencias que se están viendo desbordados por la situación.

Alba D. Tomé, cooperante de Medicusmundi Andalucía trabaja actualmente en la región de Kenieba (Malí), región en la que, de momento, no existe ningún caso conocido de  infección por Ébola, pero que es de alto riesgo por ser fronteriza con Guinea Conakry y porque su actividad económica principal es la minera con numerosas zonas de explotación de oro tradicionales, situadas de forma espontánea y a las que afluyen de manera incontrolada gran cantidad de personas de otras zonas. Esta situación imposibilita a los centros sanitarios locales el poder disponer de datos fiables sobre la población a la que atienden: falta de control de la población itinerante, prestación anárquica de atención sanitaria por personal no cualificado, venta ilegal de medicamentos, prevalencia elevada de infectados con VIH, etc.

Nuestra cooperante nos informó de que “aunque el brote de virus  Ébola comenzó a principios de año, no se iniciaron acciones coordinadas entre los diferentes países de la región para armonizar los Planes nacionales de urgencia para el seguimiento y la prevención hasta el pasado mes de julio. En el caso del Distrito Sanitario de Kéniéba, que debido a su situación geográfica se encuentra en una zona de alto riesgo, se tiene previsto un plan de contingencia epidemiológica que pretendía establecer, equipar y dotar con recursos humanos cualificados un cordón sanitario en cuatro puntos diferentes de la zona. Pero, a fecha actual, sólo se ha podido asegurar la instalación de tiendas de aislamiento en uno de estos puntos y gracias al apoyo de Medicumundi a través de su programa de prevención de la malnutrición infantil, sustentado con fondos ECHO, programa que no está relacionado directamente con el problema del Ébola”.

“Lamentablemente”, nos decía Alba, “no se han podido garantizar ni el equipamiento médico esencial ni los recursos humanos cualificados necesarios para asegurar la efectividad del sistema de prevención y control del virus Ébola en el Distrito Sanitario de Kéniéba. Si bien es cierto que, hasta la fecha, no se ha confirmado ningún caso en este territorio, la falta de control y el alto tránsito de población en la zona fronteriza de Kéniéba con Guinea Conakry elevan potencialmente el riesgo de transmisión y expansión del virus hacia Malí”.

Por último, nuestra compañera insiste en que “el problema no es solo el Ébola”, sino que “todos estos riesgos de expansión del actual brote de Ébola hacia nuevos países de la región de África Occidental se hacen más evidentes y representan un riesgo mayor si cabe dados los problemas estructurales del sistema sanitario de Malí y de, en general, los países africanos afectados. Es muy difícil plantear una intervención humanitaria eficiente que mitigue las consecuencias de una situación epidemiológica como la actual si no se trabaja por reforzar los sistemas públicos de salud de estos países de forma que puedan atender, en primer lugar, a las necesidades de salud básicas de la población a la que atienden y, además, prevenir eventuales situaciones de crisis sanitaria”. Para que nos hagamos una idea de esas deficiencias, comenta que “de los 36 Centros de Salud previstos en el Distrito de Kéniéba, sólo 22 son funcionales actualmente para atender a una población de 230.000 habitantes que, en su mayor parte, vive a más de 5 km del centro más cercano, sin que exista transporte público y apenas privado, por lo que su frecuentación es muy reducida (0,26 visitas persona/año). Además, la mayoría de estos centros sanitarios carecen del equipamiento médico y logístico esencial para asegurar el paquete básico de actividades sanitarias y sus recursos humanos cualificados son escasos: tan sólo existen dos médicos y dos matronas fuera del Centro de Salud de referencia para atender a toda la población de Kéniéba.

Esta deficiencia estructural es compartida, en mayor o menor medida, por todos los sistemas sanitarios de los países afectados por la epidemia , y a ella se une el hecho de que mucho de su personal sanitario o está saturado o, en muchos casos, ha huido por miedo y los centros de salud han quedado abandonados, con lo que se dejan de atender las necesidades médicas básicas de la población como partos, salud materno-infantil o los frecuentes casos de malaria, dengue o desnutrición infantil que va haciendo cada vez más profunda la brecha sanitaria en la zona, lo que supone un durísimo golpe para un sistema de salud tan frágil y con tantas carencias y para una población que se siente en riesgo y abandonada.

Queremos compartir también aquí este artículo sobre género y Ébola:

¿Por qué el Ébola mata más a las mujeres?

El virus de Ébola: otra herida más en la salud de África

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Cooperación Internacional, Derechos humanos, Medicus Mundi FAMME, Medicus Mundi Internacional, Recursos humanos en salud | Fecha de publicación: 11-08-2014

Este verano estamos mirando de reojo a África Occidental con motivo de la aparición de una epidemia, otra más, debida al Ébola. Y miramos, porque este virus preocupa por varios motivos: primero, y fundamental, porque es una enfermedad con una alta mortalidad, el 60% de los enfermos mueren, y, segundo, porque no tiene cura conocida. Si a esto le sumamos que tiene una alta capacidad de contagio entre las personas y que ha aparecido en una zona de África donde antes no se había dado, la cosa se complica.

La comunidad internacional ha respondido rápidamente y está haciendo frente a esta enfermedad infecciosa junto a los frágiles sistemas locales de salud, intentando atajar su expansión. Pero desde marzo hasta la fecha alrededor de 1.000 personas han muerto, y da la sensación de que su control tardará al menos unos meses más. La OMS acaba de declarar una emergencia de salud pública internacional por esta enfermedad, y es urgente que se disponga nueva plaga que asole África.

Bien, hasta aquí lo normal cuando se trata de una epidemia que se desata en un país “pobre”, lo diferente en esta ocasión ha sido que, sorprendentemente, en los países “ricos”, también llamados países del Norte, se ha generado una gran alarma social, quizás porque en esta ocasión nos hemos dado cuenta de que la enfermedad puede “viajar” a otros países y regiones y sobre todo por el miedo a la posibilidad de que nos afecte.Y es que las enfermedades nos recuerdan constantemente que no tienen fronteras, y más en un mundo tan globalizado como el nuestro. Pero aunque podemos denominar a la de 2014 como la peor epidemia debida al virus Ébola hasta el momento, no la podemos comparar con las cifras de muertos de otras enfermedades como la malaria, que mata a más de medio millón de personas al año, la mayoría niños y niñas, pero que no copan las portadas de los medios de comunicación de nuestros países, seguramente por no ser una amenaza presente para nuestra salud.
Cuando acabe esta epidemia, deberemos reflexionar sobre la importancia que le damos a la salud mundial, entendida como un todo. Hemos de recordar que desde que se descubrió este virus en 1976 ha habido unas 24 epidemias de Ébola, y, sin embargo, parece que no hemos puesto el suficiente interés para luchar contra ésta u otras enfermedades hemorrágicas. Pero tampoco sería la solución plantear una lucha enfermedad por enfermedad si no tenemos sistemas locales de salud lo suficientemente eficaces que sustenten a estos programas, sería imposible que tuviéramos éxito.

Ahora es el Ébola, pero ¿y mañana? África tienelos peores indicadores de salud del mundo. Su salud es una herida abierta, muy grande, enorme, una herida por dónde se desangra, y no podemos curarla poniendo tiritas -una tirita para cada enfermedad- cada vez que consideremos que empeora la herida, o que esa “infección” puede trasladarse a otros continentes. Eso no es eficaz, no es eficiente, y genera un gran desgaste a todos los implicados.

La solución es a medio y largo plazo: todos los países deberían tener un sistema de salud fuerte, con adecuados sistemas de vigilancia epidemiológica que puedan responder rápidamente ante cualquier eventualidad sanitaria. Sin embargo, sigue habiendo demasiados sistemas sanitarios frágiles en el mundo, con muy pocos recursos humanos, materiales y económicos en cantidad y calidad suficiente para poder hacer frente a las necesidades de salud de su población.
No obstante, si queremos que estos sistemas sean efectivos, no solamente debemos ponerlos cerca de la población sino que ésta debe usarlo. Y para ello las comunidades locales deben de participar en la definición de las prioridades de salud. Parece que en esta epidemia ha habido por parte de ciertas comunidades un rechazo a ser tratados, creyendo que en vez de curar, la ayuda pretendía propagar la enfermedad. Y este rechazo a la ayuda sanitaria no es la primera vez que pasa. Pero en mitad de una epidemia es prácticamente imposible poder integrar los patrones sociales y culturales en las estrategias de lucha contra la enfermedad, porque estas acciones requieren tiempo. Y por lo tanto es una labor que los sistemas de salud deben hacer a medio y largo plazo: ganarse la confianza de esa población.

Necesitamos acabar no solo con la epidemia, sino que sobre todo necesitamos prevenir nuevas amenazas a la salud mundial. Y solamente se conseguirá si trabajamos la salud como un bien global en todo el mundo, anteponiendo los intereses de salud a otros como puedan ser los económicos o políticos, y apostando, en estos momentos en los que se está poniendo en duda su necesidad, por una cooperación sanitaria eficaz, eficiente y con impacto a largo plazo a través de los refuerzos de los sistemas de salud. La herida en la salud africana debe cerrarse, y está en nuestras manos. En las de todos.

Carlos Mediano

Área de estudios e investigación. Medicusmundi España.

Vicepresidente de Medicusmundi Internacional