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Objetivos de Desarrollo Sostenible: ¿son la solución?

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Escrito por | Archivado en Medicus Mundi FAMME, Medicus Mundi Internacional, Objetivos de desarrollo sostenible, Objetivos del Milenio relacionados con la salud | Fecha de publicación: 23-09-2015

Carlos Mediano

Deberíamos de reflexionar sobre porqué cada vez más riqueza está en menos manos. La mitad de la riqueza mundial pertenece al 1% de la población

 Ya queda muy lejos el año 2000, cuando el Secretario General de la ONU convocó a los Jefes de Estado y de Gobierno de los 189 Estados miembros de Naciones Unidas a la conocida como Cumbre del Milenio, donde, por acuerdo unánime, aprobaron la denominada “Declaración del Milenio”. El reto era conseguir en 2015 un mundo con mayor desarrollo sostenible y donde se habría erradicado la pobreza, a través del cumplimiento de ocho Objetivos del Milenio (ODM). Los ODM fueron concebidos bajo un enfoque de necesidades (qué nos falta) y no tanto bajo un enfoque de derechos humanos (qué derechos cualquier persona debe tener cubiertos).

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Las conclusiones que podemos sacar en este último año de los ODM son bastante contradictorias. La Humanidad jamás había avanzado tanto en tan poco tiempo en algunos indicadores, sin embargo, debemos concluir que los ocho ODM no se van a cumplir en su totalidad. Es más, aquellas metas que se van a conseguir, como disminuir a la mitad el número de pobres, se consiguen de forma inequitativa. La gran mayoría de personas que han salido de la pobreza se deben al crecimiento de un solo país, China, mientras que una región muy castigada por la pobreza, como África subsahariana, aumenta su brecha respecto a los países más ricos. Y si hablamos de personas, y no de países, deberíamos de reflexionar sobre porqué cada vez más riqueza está en menos manos. La mitad de la riqueza mundial pertenece al 1% de la población mundial, 65 veces más que la que tiene la mitad de los habitantes del planeta en su conjunto.

De los ocho ODM, tres tienen relación directa con la salud: reducir 2/3 la mortalidad  infantil, reducir en 3/4 la mortalidad materna y  combatir VIH/sida, malaria y tuberculosis. Ha habido grandes avances durante estos 15 años, pero no suficientes para alcanzar los objetivos, sobre todo porque los compromisos financieros no se han cumplido. Hemos disminuido más o menos a la mitad la mortalidad infantil y materna, lejos de lo previsto. Y sabemos que la mayoría de estas muertes son evitables, ya que tenemos el conocimiento, los medios diagnósticos y terapéuticos y las medidas preventivas para evitarlos. En cuanto a la lucha contra enfermedades prevalentes, los avances han sido muy elevados contra malaria y VIH/sida, pero existe el peligro de que retrocedan. Tal  y como fueron diseñados, los ODM favorecen el desarrollo de programas verticales de lucha enfermedad por enfermedad, más que de acciones más integrales, que son más efectivas. De hecho, actualmente hay más de 100 asociaciones público/privadas que trabajan en el ámbito de la salud mundial, muchas veces compitiendo entre sí, en vez de buscar sinergias.

¿Y a partir de ahora? En septiembre de este año Naciones Unidas va a aprobar los próximos objetivos de desarrollo, que se denominarán Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Pretenden centrar el foco en las personas, pero también en la sostenibilidad del planeta, y para ello se proponen 17 objetivos. El peso directo de la salud disminuye, pues solo un objetivo está directamente relacionado con la salud: “asegurar las vidas saludables y promover el bienestar en todas las edades”. La salud pasa de ser un 37,5% de los ODM a ser un 6%, y no podemos saber si esto va a significar una disminución de la atención política y financiera en el sector. Otro gran actor internacional, la Organización Mundial de la Salud, está presentando como objetivo para los próximos años la Cobertura Universal de Salud, y actualmente se está trabajando sobre la forma en que la Cobertura Universal y los ODS pueden coexistir.

Si de verdad queremos cambiarle la cara a la inequidad del mundo en salud no podemos ponerle solo una capa de maquillaje…

… la salud de las personas debe prevalecer sobre otros intereses, porque la salud no es un capricho, es un derecho

Pero antes de empezar ya comienzan a generarse algunas dudas sobre los ODS, y especialmente en el sector de la salud. La voluntad política para aprobarlos se presupone, pero si no ha habido financiación para los ODM, ¿va a haberla para los ODS, cuando van a ser más caros? Las estimaciones de la financiación de la agenda post 2015 hablan de que se debería incrementar la financiación actual en más de 113.000 millones de dólares/año para cubrir las acciones solamente en agua, salud y nutrición, pero no se contempla voluntad política para este incremento. Lo más preocupante no es “cuánto” sino “cómo”. No nos ponemos de acuerdo sobre qué procesos son los mejores para conseguir resultados. Cada país puede elegir el camino que considere conveniente para conseguir los logros propuestos, sin atender al criterio sobre qué modelo es más eficiente, efectivo, sostenible y tiene más impacto. Y el hecho de que cada vez haya más actores involucrados en la salud (asociaciones público-privadas, organizaciones comerciales, organizaciones filantrópicas, gobiernos,…) no ayuda en la tarea de definir el camino a seguir. Finalizar las epidemias se puede hacer de muchas formas, algunas más sostenibles que otras. La Cobertura Universal se puede alcanzar apostando más por una sanidad pública, por sanidad privada, o por una mixta; priorizando la Atención Primaria de Salud o la atención especializada; financiando a través de impuestos generales o de rentas de trabajo. No hay una varita mágica ni soluciones únicas, pero  sería aconsejable establecer orientaciones respecto qué  modelo de sistema de salud es más conveniente para alcanzar los ODS.

Si de verdad queremos cambiarle la cara a la inequidad del mundo en salud no podemos solamente ponerle una capa de maquillaje. Hay que hacer una cirugía profunda que permita unos cambios reales y permanentes: redefinir y reforzar el papel que juegan los sistemas públicos de salud, garantes de la salud de la población; establecer la Atención Primaria de Salud como estrategia prioritaria en el sector de la salud; tener presentes los determinantes de salud y, por último, introducir la valoración sobre “las consecuencias en la salud de todas las políticas”, tanto nacionales como mundiales. Pero sobre todo, que la salud de las personas prevalezca sobre otros intereses, porque la salud no es un capricho, es un derecho.

Carlos Mediano es Vicepresidente de medicusmundi Internacional y responsable del Área de estudios e investigación de medicusmundi España

Este artículo forma parte del Boletín extraordinario 40 aniversario

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El virus de Ébola: otra herida más en la salud de África

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Cooperación Internacional, Derechos humanos, Medicus Mundi FAMME, Medicus Mundi Internacional, Recursos humanos en salud | Fecha de publicación: 11-08-2014

Este verano estamos mirando de reojo a África Occidental con motivo de la aparición de una epidemia, otra más, debida al Ébola. Y miramos, porque este virus preocupa por varios motivos: primero, y fundamental, porque es una enfermedad con una alta mortalidad, el 60% de los enfermos mueren, y, segundo, porque no tiene cura conocida. Si a esto le sumamos que tiene una alta capacidad de contagio entre las personas y que ha aparecido en una zona de África donde antes no se había dado, la cosa se complica.

La comunidad internacional ha respondido rápidamente y está haciendo frente a esta enfermedad infecciosa junto a los frágiles sistemas locales de salud, intentando atajar su expansión. Pero desde marzo hasta la fecha alrededor de 1.000 personas han muerto, y da la sensación de que su control tardará al menos unos meses más. La OMS acaba de declarar una emergencia de salud pública internacional por esta enfermedad, y es urgente que se disponga nueva plaga que asole África.

Bien, hasta aquí lo normal cuando se trata de una epidemia que se desata en un país “pobre”, lo diferente en esta ocasión ha sido que, sorprendentemente, en los países “ricos”, también llamados países del Norte, se ha generado una gran alarma social, quizás porque en esta ocasión nos hemos dado cuenta de que la enfermedad puede “viajar” a otros países y regiones y sobre todo por el miedo a la posibilidad de que nos afecte.Y es que las enfermedades nos recuerdan constantemente que no tienen fronteras, y más en un mundo tan globalizado como el nuestro. Pero aunque podemos denominar a la de 2014 como la peor epidemia debida al virus Ébola hasta el momento, no la podemos comparar con las cifras de muertos de otras enfermedades como la malaria, que mata a más de medio millón de personas al año, la mayoría niños y niñas, pero que no copan las portadas de los medios de comunicación de nuestros países, seguramente por no ser una amenaza presente para nuestra salud.
Cuando acabe esta epidemia, deberemos reflexionar sobre la importancia que le damos a la salud mundial, entendida como un todo. Hemos de recordar que desde que se descubrió este virus en 1976 ha habido unas 24 epidemias de Ébola, y, sin embargo, parece que no hemos puesto el suficiente interés para luchar contra ésta u otras enfermedades hemorrágicas. Pero tampoco sería la solución plantear una lucha enfermedad por enfermedad si no tenemos sistemas locales de salud lo suficientemente eficaces que sustenten a estos programas, sería imposible que tuviéramos éxito.

Ahora es el Ébola, pero ¿y mañana? África tienelos peores indicadores de salud del mundo. Su salud es una herida abierta, muy grande, enorme, una herida por dónde se desangra, y no podemos curarla poniendo tiritas -una tirita para cada enfermedad- cada vez que consideremos que empeora la herida, o que esa “infección” puede trasladarse a otros continentes. Eso no es eficaz, no es eficiente, y genera un gran desgaste a todos los implicados.

La solución es a medio y largo plazo: todos los países deberían tener un sistema de salud fuerte, con adecuados sistemas de vigilancia epidemiológica que puedan responder rápidamente ante cualquier eventualidad sanitaria. Sin embargo, sigue habiendo demasiados sistemas sanitarios frágiles en el mundo, con muy pocos recursos humanos, materiales y económicos en cantidad y calidad suficiente para poder hacer frente a las necesidades de salud de su población.
No obstante, si queremos que estos sistemas sean efectivos, no solamente debemos ponerlos cerca de la población sino que ésta debe usarlo. Y para ello las comunidades locales deben de participar en la definición de las prioridades de salud. Parece que en esta epidemia ha habido por parte de ciertas comunidades un rechazo a ser tratados, creyendo que en vez de curar, la ayuda pretendía propagar la enfermedad. Y este rechazo a la ayuda sanitaria no es la primera vez que pasa. Pero en mitad de una epidemia es prácticamente imposible poder integrar los patrones sociales y culturales en las estrategias de lucha contra la enfermedad, porque estas acciones requieren tiempo. Y por lo tanto es una labor que los sistemas de salud deben hacer a medio y largo plazo: ganarse la confianza de esa población.

Necesitamos acabar no solo con la epidemia, sino que sobre todo necesitamos prevenir nuevas amenazas a la salud mundial. Y solamente se conseguirá si trabajamos la salud como un bien global en todo el mundo, anteponiendo los intereses de salud a otros como puedan ser los económicos o políticos, y apostando, en estos momentos en los que se está poniendo en duda su necesidad, por una cooperación sanitaria eficaz, eficiente y con impacto a largo plazo a través de los refuerzos de los sistemas de salud. La herida en la salud africana debe cerrarse, y está en nuestras manos. En las de todos.

Carlos Mediano

Área de estudios e investigación. Medicusmundi España.

Vicepresidente de Medicusmundi Internacional

 

Profesionales de la salud para todos: un problema mundial

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Escrito por | Archivado en Medicus Mundi FAMME, Medicus Mundi Internacional, Recursos humanos en salud | Fecha de publicación: 27-03-2014

Nadie duda de que tener suficientes profesionales de salud cualificados es vital para cualquier sistema sanitario que pretenda atender las necesidades de salud de su población. Sin embargo, la situación mundial al respecto está lejos de ser aceptable: más de 50 países, principalmente en Africa y Asia del sur, se enfrentan a una crítica escasez de trabajadores de la salud, que explica gran parte de la mortalidad y la morbilidad en estos países. También en España, la situación puede llegar a ser dramática.

Las envejecidas sociedades de los países llamados desarrollados en Europa y América del Norte necesitan cada vez más cuidados de tipo crónico. Esta tendencia, junto con la demanda creciente de atención sanitaria en general y el envejecimiento del personal sanitario (con la expectativa de numerosas jubilaciones en los años venideros) está provocando un incremento de las necesidades de personal de salud que los sistemas de salud nacionales no prevén satisfacer. De hecho, la Comisión Europea estima, en su documento de trabajo “Plan de acción sobre personal sanitario de la UE”, que si se mantienen las actuales técnicas de formación, en 2020 habrá una escasez de 1 millón de profesionales en Europa. En España, se estima que el año 2025 este déficit será del 14%, incluyendo médicos de cabecera y especialistas. Estos cálculos se realizaron antes de conocer la situación actual donde, debido a la crisis económica, muchos profesionales españoles están buscando oportunidades de trabajo fuera de nuestras fronteras.

La OMS señala cuatro áreas-clave estratégicas para que los Estados miembros logren contar con un volumen sostenible de personal sanitario y fortalecer así sus sistemas de salud: defender, intercomunicar y movilizar los recursos existentes; crear sistemas de información para los recursos humanos de salud; invertir estratégicamente en recursos humanos para el desarrollo de la salud; e igualar las políticas e intervenciones sobre recursos humanos al nivel que tienen las demás.

¿Qué soluciones existen para remediar esta escasez de personal? La solución primera y más racional que aparece cuando se piensa en el tema es que cada país planifique adecuadamente sus necesidades de trabajadores de la salud, poniendo así las bases para garantizar la preparación de suficiente personal de cada nivel. Sin embargo, este plan no resulta sencillo. Primero, porque es difícil calcular los cambios que habrán de soportar los patrones demográficos y epidemiológicos así como las futuras demandas de la población y, después, porque la dificultad es aún mayor en países con un sistema frágil de salud, que no poseen recursos suficientes para llevar a cabo esta planificación con éxito. Además, muchos países (si no todos) no conocen el número exacto de sus profesionales sanitarios, especialmente en el sector privado. Por ejemplo, España está tratando de obtener el primer registro de su personal de salud, que se espera que esté operativo en 2014, puesto que no se conoce con seguridad cuántos trabajadores hay, ya que los cálculos se basan solamente en estimaciones. Más aún, espcialmente en países donde los trabajadores juegan papeles importantes en atención sanitaria, incluso resulta confuso identificar quién debería contabilizarse como “personal médico”.

La segunda y “más fácil” solución, ya puesta en marcha en muchos países durante los últimos años, es la importación del personal de salud. A medida que el mercado de trabajo se vuelve más globalizado, la creciente demanda internacional está impulsando su migración y movilidad. Hasta no hace mucho, los mayores países receptores eran los más desarrollados, pero en los últimos años la transferencia de personal también se produce desde los países desarrollados hacia los emergentes. Un ejemplo de esto es el programa de Brasil “Mais médicos para o Brasil” (Más médicos para el Brasil) donde el 28% de los 358 médicos inscritos en su tercera edición son españoles. Por lo tanto, es un problema global que afecta o puede afectar a todos los países.

La contratación de trabajadores de la salud extranjeros puede ser una manera de satisfacer la demanda interna durante cierto tiempo. Sin embargo, puede empeorar la escasez de trabajadores cualificados en otros lugares, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos e incluso en los desarrollados como algunos europeos. Y hay otro elemento que agregar a este debate: el costo soportado por los países en la formación de personal sanitario. Por ejemplo, en España se estima que cuesta unos 120.000€ formar a un graduado y la CESM (Confederación Española de Sindicatos Médicos) calcula que el costo de la formación de un especialista MIR es aproximadamente 200.000€. A nivel mundial, las cifras son también muy preocupantes. Se considera que los sistemas nacionales de salud de nueve países africanos han perdido 2.170 millones de dólares, en forma de inversión dedicada a la formación de sus médicos, debido a la emigración después de su graduación. A su vez, esta misma entrada de inmigrantes ha llegado a proporcionar un beneficio de 4.550 millones de dólares a los países receptores de estos profesionales. Asistimos así a la contradicción de que el flujo de profesionales de la salud va desde los países donde hay una mayor escasez hacia los países que tienen más recursos.

Quienes trabajan en desarrollo conocen muy bien esta historia. Muchos de los programas de formación que se desarrollan para la cooperación en salud tienen poco éxito porque el personal migra al finalizar sus estudios, dejando precisamente a las poblaciones con mayores necesidades sin personal para atenderles. La proporción de trabajadores de la salud en muchos países africanos es ridícula. Hay 2 médicos/1.000 habitantes en África y 33 médicos/1.000 habitantes en Europa… ¡y Europa sigue atrayendo personal africano! Aunque esta captación se extiende por todo el mundo, algunos países absorben la mayoría del personal extranjero. Los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia emplean al 69% del total de los médicos extranjeros que están trabajando en la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo de los Países).

Carlos Mediano, federacion2@medicusmundi.es
Federación de Medicus Mundi España 

 HW4All es un proyecto de la sociedad civil europea para lograr un sector sanitario sostenible en todo el mundo, para fortalecer los sistemas de salud en un esfuerzo conjunto de todos los países y sociedades. El objetivo es conseguir aplicar el Código de Prácticas Mundial de la Organización Mundial de la Salud sobre contratación internacional de personal Sanitario.

El proyecto dispone de una plataforma de colaboración online para todas aquellas personas que quieran participar en el mismo

 

Por la cobertura pública y universal de los cuidados de salud

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Escrito por | Archivado en Atención primaria y participación, Medicus Mundi Internacional, Organizaciones internacionales | Fecha de publicación: 06-06-2013

El próximo objetivo global mundial que propone la Organización Mundial de la Salud para los próximos 15-20 años es la Cobertura Universal de la Salud (UHC en inglés). Con ocasión de la 66ª Asamblea Mundial de la Salud, durante el mes de mayo se realizaron diferentes reuniones sobre este tema. Medicus Mundi Internacional pretende aportar una visión crítica y constructiva ya que, si bien considera que el planteamiento del objetivo es positivo, el mismo deja fuera –o al menos no explicita– aspectos fundamentales de la salud mundial como, por ejemplo, los determinantes de la salud (agua, género, vivienda, pobreza,..) o cómo afecta a la salud la aplicación de determinadas políticas (existencia o no de sistemas de protección social, políticas macroeconómicas, políticas fiscales,…).

En la Asamblea, Abigail Speller, en nombre de Medicus Mundi Internacional y del Movimiento para la Salud de los Pueblos, defendió la implantación de sistemas públicos de salud y rechazó los sistemas de salud no equitativos y estratificados promovidos por el Banco Mundial que dan lugar a un sistema público “de beneficiencia” para los pobres y seguros privados para los ricos.  También criticó el hecho de que desde el año 2000 se ha producido una fragmentación vertical de la salud con la implementación de múltiples programas enfocados hacia una sola enfermedad.

La ponente defendió que el paraguas de “cobertura universal de salud” no debe apoyar estos sistemas sanitarios “fragmentados y estratificados” porque: 1) debilitan la solidaridad social y eliminan la posibilidad de que los más ricos contribuyan al coste de disponer de cuidados de salud para todos; 2) la regulación y el control de los costes, la calidad y el exceso de servicios en el sector privado es mucho más difícil que en el sector público; 3) la provisión de cuidados de salud pública y privada se asocia a duplicación de los servicios y, finalmente, los proveedores del sector privado no se preocupan de implementar los principios de la atención primaria de salud ni de los determinantes sociales de la salud.

http://www.ghwatch.org/sites/www.ghwatch.org/files/Statement_UHC.pdf